Haz que hablen de ti aunque no sepan quién eres

Pon que tienes algo que contar. O que vender. O que enseñar. Y que hay un sitio en el que está todo el mundo perdiendo el tiempo… qué mejor lugar para que te escuchen.

Pero claro, no basta con gritar. Ni con sacar músculo. Aquí se trata de ser el puñetero foco. De dar en la tecla. Y sobre todo, de no aburrir a las ovejas. O te quieren… o pasan la pantalla. Así de sencillo.

Lo que no cuentes tú, lo contarán otros… o no lo contará nadie

Hay algo poderoso detrás de cada historia bien parida. No necesitas mil euros en anuncios, necesitas que cuando alguien vea lo que haces diga: «hostias, esto va conmigo». Y eso, amigo, amiga, se consigue siendo tú, pero bien contado.

¿Te has fijado en cómo se mueve la gente por esa red social tan bonita llena de postureo y ego con filtro? Todos intentando ser lo que no son, haciendo lo mismo. Un festival del clon sin alma. Y sin embargo, los que lo petan de verdad tienen algo en común: parecen honestos, tienen voz propia, hacen que te quedes aunque solo diga que se ha tomado un café.

No es ningún poder secreto. Es la forma de decir las cosas la que engancha.

Usar las redes para algo más que subir fotos del brunch

¿Vendes servicios? ¿Productos? ¿Tu marca personal? Da igual. Si no llamas la atención, ni tu madre sabrá lo que haces. Solo hay una regla: ser tan tú que te reconozcan al segundo. Y esto aplica a tu forma de hablar, de escribir, de mostrarte.

Si todo lo que subes es plano, neutro, correcto y educado… enhorabuena, ya tienes el perfecto manual para pasar desapercibido. Pero si en cambio te mojas, te expones, dices cosas con intención, con algo de mala leche (si hace falta)… entonces estás empezando a marcar la diferencia.

Y sí, el contenido importa. Pero más importa cómo lo haces sentir al que lo ve. Te pongo un ejemplo que lo ilustra muy bien en este vídeo:

¿Lo has visto? Eso es mostrar personalidad, ritmo, conexión. Eso engancha más que un sorteo de iPads.

¿Y ahora qué?

Ahora que sabes que la plataforma de moda no es solo para modelos en bikini y batidos detox, te toca mover ficha. El primer paso es decidir si quieres pasar por esa red social como un fantasma o dejar huella.

Mira perfiles como los de la página oficial y analiza lo que hacen bien. No para copiar, sino para coger ideas y hacerlas tuyas. Porque si no te conocen, no existes. Y si te conocen y les das igual, peor aún.

Así que da igual si vendes reformas, cupcakes o entrenamiento personal. Aquí se trata de contar tu película de forma que nadie quiera levantarse del sillón a mitad. Y tú puedes hacerlo si dejas de intentar agradar a todos y te centras en conectar de verdad.

Haz que cada publicación diga algo, que cada palabra tenga una intención. Que no te sigan por compromiso, sino porque disfrutan con lo que haces. Entonces comenzará la magia.

Si tienes un negocio, si ofreces algo, o simplemente si quieres que el mundo te conozca con tu estilo, es hora de moverse.

Y si eres de aquí, si tienes una tienda, un estudio, o das servicios en tu ciudad… ¿a qué esperas para hacer que la gente cercana se entere de lo que haces? Que ya hay clientes mirando, y están esperando a que les digas «oye, que yo puedo ayudarte».

Ponte las pilas. Y empieza a usar las redes para algo más útil que cotillear. Tienen más potencia que mil folletos. Solo hay que usarlas como un espejo en el que la gente quiera reflejarse.

Y si necesitas una mano con esto, ya sabes dónde estoy. Pero date prisa… que las mejores oportunidades no esperan a nadie.

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