¿Sabes esa sensación de no entender por qué otros venden como rosquillas mientras tú te metes en Instagram y solo ves likes de tu madre y tu primo? Pues tranquilo, que no estás solo. Pero la culpa no es tuya, es de cómo te han contado el cuento.
El escaparate más potente que no sabías usar
Muchos creen que Instagram es un sitio para posturear, para subir cafés bonitos o bailar frente a un espejo. Pero lo que de verdad funciona no son los filtros, sino tener unidad de mensaje y claridad mental. Porque aquí la guerra no se gana con brilli-brilli, sino con contenido que parezca que se ha colado en la cabeza del que lo ve.
No necesitas tener cien mil seguidores ni hacer sorteos absurdos. Lo que realmente vende es contar algo con gancho y sin paja. Porque la gente no entra en Instagram buscando comprar, pero acaba cayendo porque ve algo que le habla directamente. Y eso solo se consigue cuando dejas de publicar por publicar, y empiezas a comunicar como un profesional.
Cómo pasar de invisible a imposible de ignorar
La clave está en entender que Instagram es una herramienta de venta, no una galería de arte moderna. Cuando entiendes eso, cambia todo lo que haces. Y en lugar de rogar por atención, la atraes con fuerza. Y aquí llega uno de los errores más comunes: subir contenido sin saber a quién te diriges. Porque si no sabes a quién le estás hablando, todo lo que digas caerá en saco roto.
Hay cosas que puedes hacer sin gastarte un duro. Por ejemplo, usa los recursos que la propia plataforma ofrece para empresas. Estudian comportamientos de usuario y te soplan dónde poner el foco. Si entiendes el juego, no necesitas ‘ser influencer’, solo necesitas entender el lenguaje del canal.
Y por cierto, no hace falta publicar cada día como si no hubiera un mañana. Publica menos, pero mejor. Con intención. Con estrategia. Da igual si subes tres reels a la semana o uno cada diez días, si están bien pensados, rotarán más que los del cuñado que pone frases motivacionales.
¿Y los vídeos? Mejor si tienen algo que contar
Aquí viene lo bueno. Los vídeos, si están bien hechos, pueden captar la atención de quien no sabía ni que te necesitaba. Y no tienen que estar producidos en Hollywood, pero sí decir algo que no sea más de lo mismo. Mira este ejemplo que lo clava:
¿Ves? No es el típico reel que te deja igual. Tiene ritmo, tiene intención y, sobre todo, tiene un mensaje detrás. Y eso vende. Porque la venta empieza cuando alguien siente que le entiendes mejor que su pareja.
Haz que tus publicaciones tengan esa sensación. Que cuando alguien lo vea diga: “¡Anda! Esto me pasa a mí”. Y ahí es donde empieza la magia. No cuando muestras tu producto, sino cuando muestras que sabes lo que les duele.
Y si te estás preguntando si esto sirve también para negocios más serios: sí, incluso si vendes tornillos o asesoría fiscal. Porque detrás de cada negocio hay una persona queriendo resolver un problema.
Empieza ya o sigue esperando likes vacíos
Si estás en esta movida para ganar visibilidad, posicionarte como experto o incluso llenar la agenda de clientes, no puedes seguir haciendo lo mismo de siempre esperando resultados nuevos. Es hora de tomárselo en serio. De dejar los likes de compromiso y empezar a diseñar estrategias que conviertan.
Y si andas perdido o te parece que esto te queda grande, lo mejor es dejarte guiar por quien ya ha pasado por ahí. Dedicarte a lo que sabes, y dejar que te echen un cable con lo que te trae dolores de cabeza.
Así que si tienes un negocio, eres autónomo o quieres dejar de ser invisible en Instagram, contáctame hoy. Estoy aquí, cerquita. Y sí, soy de aquí, nada de cursillos online con voz de robot.
Llegó la hora de hacer que Instagram trabaje para ti.
