¿Cuántas veces has abierto la aplicación, te has quedado embobado deslizando el dedo hacia arriba, y al final has cerrado el móvil con la sensación de no haber hecho absolutamente nada productivo? Bienvenido al club de los que se comen reels a cucharadas.
Pero aquí no estamos para que te fumes una charla zen. Estamos aquí para que entiendas de una vez que **dejar huella no es lo mismo que recibir likes**. Y eso, cuando hablamos de redes sociales, es un bendito punto de partida.
El juego invisible que hay detrás de cada scroll
Dicen que Instagram es para posturear. Puede ser. Pero también puede ser tu mejor escaparate si sabes lo que haces. No basta con subir una foto bonita con un filtro parisino y esperar milagros. Hay quien lo llama marketing de contenidos. A mí me gusta más llamarlo “tener algo que decir”.
Y si no lo tienes, ni lo intentes. Porque la audiencia lo huele a kilómetros. Si tú vas con la idea de vender humo, ellos ya han comprado un extintor. Ahora bien, si **sabes conectar con quienes te ven**, si les haces cosquillas en el cerebro o en el alma (sí, en ambas), entonces empieza a jugar. Porque ya tienes algo que decir.
Ojo: si quieres saber más sobre cómo funcionan los algoritmos que te muestran lo que ves en la app, échale un vistazo a esta guía oficial de Instagram.
Y ahora mírate esto con calma, que no tiene desperdicio:
Tu mierda importa (mucho más de lo que crees)
No te flipes. Cuando decimos «tu mierda», hablamos de tu historia, lo que haces, lo que cuentas, lo que te pasa, lo que vives, lo que te ha roto y lo que has reconstruido. Porque eso, amigo mío, es lo único que no puede robarte el algoritmo…
Hay contenido que se te queda pegado, como chicle en zapato un agosto en la Gran Vía. Y siempre es ese que **no busca gustar, sino decir algo de verdad**. Gente que no publica por rutina, sino porque le pica por dentro si no lo saca.
Por eso, si estás pensando en usar Instagram para crecer como marca o como profesional, **olvídate de gustar por gustar**. Métete en la maldita cabeza que esto no va de parecer mejor, sino de ser útil, cercano, auténtico. Que pareces humano, coño, no un folleto turístico.
¿Y ahora qué coño haces tú con todo esto?
Muy fácil. Empieza por dejar de imitar lo que hacen otros solo porque les funciona. Tus seguidores pueden ser muchos o pocos, pero si no conectan contigo, da igual el número. Te siguen cadáveres.
Haz que cada publicación sirva de algo. Que quien la vea, diga: «hostia, esto me viene como anillo al dedo». Y si lo que ofreces es un servicio, una tienda, una consulta, un taller o lo que sea, **cuenta tu historia de forma honesta, valiente y sin medias tintas**.
La influencia no se mide por los corazoncitos, sino por las veces que alguien vuelve a ti cada vez que necesita eso que tú haces. Eso no lo compra ningún bot.
Ah, y si quieres un manual sencillo pero cojonudo sobre cómo construir comunidad duradera en esta red social, te dejo esto por aquí: Instagram para empresas
Si estás por aquí cerca, te lo digo así de claro
Si tienes un negocio en tu barrio, en tu ciudad, o simplemente ofreces algo que puede cambiarle la vida a alguien que lo necesite… **deja de temerle a Instagram y empieza a explotarlo con cabeza y corazón**.
Sé tú. Cuenta cosas reales. Conecta. Y si necesitas a alguien para que lo haga contigo o para ti, toca la puerta. Que igual no te vendo humo, pero te regalo algo de chispa.
Vamos a dejar de ser bonitos y empezar a ser útiles.
