Deja ya de mendigar atención y empieza a provocar movimiento

Ya está bien de hacer el ridículo con publicaciones que solo ve tu madre y dos colegas de la oficina. Si vas a estar en las redes sociales, mejor hazlo con intención, con picante y con ganas de remover un poco el avispero. Porque sí, cualquiera puede subir una foto bonita, pero no cualquiera consigue que esa imagen tenga un impacto que valga la pena.

¿Para qué narices estás en redes si no haces ruido?

Subes una foto de tu café mañanero o ese selfie en el espejo del ascensor. Lo sé, todos lo hemos hecho. Pero si eres profesional, si tienes un negocio o si eres parte de algo que merece la pena ser visto, entonces no estás jugando. Estás comunicando. Y comunicar, amigo o amiga, no es subir cualquier cosa y cruzar los dedos.

Si estás buscando visibilidad digital, olvídate de lo tradicional y atrévete a contar lo que otros no se atreven. Utiliza esas historias que tienes guardadas bajo llave. Habla de tus fracasos, de las veces que te han cerrado la puerta en las narices. Eso es lo que humaniza. Y créeme, en internet gana el que emociona, no el que maquilla.

¿Quieres un ejemplo de lo que mueve de verdad? Echa un ojo a este vídeo que no necesita explicación, solo ganas de verlo y dejarse llevar:

No es cuestión de seguidores, sino de impacto

Hay cuentas con miles de seguidores que no venden ni un alfiler, y hay otras con ochocientos que facturan más que una franquicia. ¿La diferencia? Un mensaje claro y honesto. Una propuesta que no se esconde tras filtros ni frases hechas. Gente que habla claro, que dice las cosas como son. Y eso, aunque parece una obviedad, se valora cada día más.

Antes de abrirte la cuenta, o incluso si ya la tienes desde hace años, hazte estas preguntas: ¿Estoy aportando algo o solo estoy publicando por inercia? ¿Mi contenido tiene intención o solo estoy siguiendo tendencias?

Y si no sabes por dónde empezar, empieza por mirar lo que funciona. Busca ejemplos auténticos en redes como Instagram, analiza lo que hacen bien y decide cómo puedes llevarlo a tu terreno sin convertirte en una copia barata.

El misterio de la autenticidad sin postureo

No necesitas gritar para llamar la atención, pero sí necesitas ser diferente. El postureo cansa, agota, estresa. Lo que no cansa nunca es una buena historia, contada con garra. Eso sí, sin pasarte de frenada. Que aquí nadie quiere ver a otro gurú de medio pelo. Se trata de ser tú, con tus miserias y tus aciertos.

Y si gestionas una marca local, aprovecha esa ventaja. La cercanía, el tú a tú, todavía funciona. La gente quiere saber quién está detrás del mostrador, quién elige los productos, quién es el que aparece en los vídeos hablando con naturalidad.

Si sabes jugar bien tus cartas, puedes convertir tu red social en un canal de venta y fidelización brutal. Pero ojo, que esto no va de plantillas ni de fórmulas mágicas. Va de constancia, personalidad y tener algo que decir. Porque en un universo lleno de ruido, el que susurra verdades destaca más que el que grita tonterías.

Y si no sabes por dónde empezar, quizás es hora de dejarte ayudar por profesionales que se lo toman en serio. Hay muchas formas de encontrar apoyo, formación o incluso delegar parte del trabajo de redes sociales sin perder tu esencia. Puedes inspirarte por ejemplo desde la propia plataforma y todo el contenido que ofrece para negocios.

¿Y ahora qué? Pues a moverse

Aquí no gana el más bonito. Gana el que hace y repite. El que prueba, el que arriesga. El que se planta frente a la cámara con los nervios en la garganta pero no se rinde. Porque esto va de conectar, de crear relaciones reales en un mundo digital que a veces huele a plástico del malo.

Así que si estás en tu ciudad, si tienes un negocio y no sabes cómo hacerte un hueco en esta selva de contenidos, habla. Cuéntale al mundo qué haces, por qué lo haces y qué te diferencia. Y si eso te da tanto vértigo como vértigo da la declaración de la renta, llámame. Me dedico a esto y puedo ayudarte a dejar de parecer un robot que publica por cumplir el expediente.

El algoritmo no te debe nada. Pero tus futuros clientes sí. Si consigues que te conozcan, te compren y te recomienden.

¿Nos ponemos en marcha?

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