Lo que nadie te cuenta sobre lo que ves cada día en la pantalla

Te prometieron distracción, y vaya si lo consiguieron. Por si no lo habías notado, cada vez que desbloqueas el móvil estás a tres movimientos de caer por un agujero negro de bailes, retos y gente que parece más feliz que tú un lunes por la mañana. Y lo haces sin culpa, porque en el fondo, lo que buscas no es tanto reírte, sino sentirte parte de algo.

Una ventana que engancha (y no es precisamente inocente)

No se trata solo de vídeos cortos. Se trata de sistemas diseñados para sostener tu atención más tiempo del que pensabas regalar. Porque cuando alguien te dice “solo son 15 segundos”, ya deberías mosquearte. ¿15 segundos? Mentira. Si entras, te vas a quedar, y lo sabes. Porque el algoritmo, ese que ni entiendes ni necesitas entender, te conoce mejor que tu abuela. Sabe lo que te hace gracia, lo que te remueve, lo que te deja ahí mirando, aunque no sepas por qué. Y lo hace bien, muy bien.

Ese scroll infinito no es casual. Está afinado con bisturí para que no salgas, para que te quedes girando dentro, como un satélite sin escape. Y admitámoslo, hay días en que lo agradeces. ¿Quién quiere enfrentarse a esa montaña de correos si puede ver a un tío imitando acentos mientras plancha?

Pero ojo, que también hay otra cara. Creativos, marcas y hasta vecinos tuyos están aprendiendo a jugar con las mismas reglas. Tú ves a un “influencer”, pero ellos están usando una plataforma donde el escaparate está abierto las 24 horas. Si sabes moverte, si entiendes lo que se cuece, puedes colocar tu mensaje directo en la retina de quien ni siquiera sabía que te estaba buscando.

El nuevo lenguaje de la atención

Vivimos algo curioso: antes hacías vídeos, ahora haces piezas de atención. No basta con grabarte, gritar o bailar. Eso ya no sorprende. Y a ti tampoco. Por eso engancha lo que parece auténtico: esa chica que comparte su día sin filtros, ese tipo que cuenta su historia sin música de fondo ni pretensiones. Porque lo genuino asusta, pero también conquista.

Y no te engañes. Aquí no hay receta secreta. No hay curso que te garantice el oro viral. Pero sí hay algo que no falla: ser tú hasta el final. Los que conectan no son los que copian fórmulas, sino los que se atreven a enseñar lo suyo, con voz propia, aunque se rían de ellos. Sobre todo si se ríen de ellos.

Y ahí es donde el mensaje cala. Porque en un mar de ruido y postureo, una sola verdad dicha bien vale más que mil transiciones bonitas con filtros de neón. Si tienes algo que decir—y todos lo tenemos—no hace falta disfrazarlo. Lo muestran ahí afuera, en medio de ese circo de vértigo.

¿Negocio? Sí, también. Pero con alma, por favor

No hace falta bailarte todo el repertorio de moda para que te miren. Lo que hace falta es atreverse a decir algo que importe. Sobre tu historia, sobre lo que haces, sobre lo que ofrecerías incluso si no te diesen un like. Porque los que venden sin parecer que venden, esos que te cuentan algo útil mientras te hacen reír o pensar, esos son los que ganan.

Y sí, puedes usar esta red como el megáfono que ponga tu negocio local en boca de todos, pero no lo hagas como todos. Hazlo como si tuvieses un colega al otro lado. Uno que te entiende sin tener que explicarle nada. Uno que se va a quedar porque has sabido tocarle una fibra, aunque sea pequeña.

Mira este ejemplo, porque vale más que mil palabras escritas aquí abajo:

¿Ves por dónde van los tiros? Hay formas de contar las cosas que sí conectan, y están más cerca del “yo soy así” que del “mira cuán perfecto es mi desayuno”. Es cuestión de decidir qué quieres. Si hacer bulto entre millones o marcar diferencia sin necesidad de espectáculo. Que no es fácil, pero tampoco imposible.

Y si esto te ha removido un poco, si llevas tiempo queriendo jugar en este terreno, pero sin caer en clichés ni sentirte disfrazado, déjate de excusas. Haz algo con lo que ya tienes, que es tu historia, tu voz y tus ganas de contarla. No necesitas más para empezar.

¿Tienes un negocio local? ¿Ofreces un servicio? ¿Te gustaría llegar a gente de verdad en tu ciudad sin tener que mendigar seguidores? Ponte en contacto conmigo. Te ayudo a encontrar tu forma, a decir lo tuyo con fuerza, honestidad y coherencia. No más plantillas, no más tonterías. Solo tú, bien contado. Escríbeme y nos ponemos a ello. ¿Hablamos?

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