Hay días en los que dices: “Hoy no quiero pensar, ni sentir, ni hablar”. Pero te pillas con el dedo tonto en el móvil y, zas, entras. Un par de vídeos y ya estás dentro sin retorno. Algo pasa. No esperabas quedarte tanto. Pero claro, es que *no es lo de siempre*. No es la tele. No es YouTube. No es que tú busques el vídeo… Es que el vídeo te encuentra a ti.
Y es que hay una aplicación que, aunque digas que la aborreces, que no es para ti, que es una pérdida de tiempo… bueno, ya sabes cómo acaba la historia. Porque, amigo, si entras un lunes por la noche con ojeras y sin ganas, puede que te levantes el martes silbando sin darte cuenta. Y una pista: no estamos hablando de la teletienda.
¿Y esto por qué engancha tanto, alma de cántaro?
Vamos con verdades como puños. Hay formatos sociales que pegan fuerte, pero cuando un vídeo te hace reír con media ceja levantada o te hace saltar una lágrima mientras estás en el váter, sabes que algo distinto hay. Y eso pasa porque te lo dan todo masticado, justo como lo necesitas. Contenido rápido, variado, personalizado, ultra visual. No tienes que ir buscando, comparando, dudando. Aquí se muestra lo que tú no sabías que querías ver.
Y claro, esto no va solo de bailes y adolescentes hiperactivos. Aquí te aparece desde el tipo que arregla lavadoras a ritmo de funky hasta la señora que en 15 segundos te enseña a hacer la tortilla de patatas más jugosa del universo. Todo con un ritmo que ni la cabra mecánica en las fiestas del pueblo. Esto tiene un algoritmo tan afilado como los ojos de tu madre cuando no has fregado los platos. Te conoce mejor que tú mismo.
Una ventana directa a lo que te hace sentir (aunque no lo admitas)
La cosa va un poco más allá. No es solo entretenimiento. Es puro escaparate de ideas, de vidas, de momentos raros y geniales. Ahí está el poder del formato vertical, de los vídeos de 15 segundos o un minuto. Parecen fugaces, pero te dejan pensando más que una charla de 3 horas llena de PowerPoint. Y sin necesidad de ser influencer o tener un estudio profesional. Lo que engancha es la conexión, la sensación de que te están hablando a ti, en tu idioma, con tu humor de jueves a las 10 de la noche.
Y sí, si te estás preguntando si esto tiene trampa… también. Porque cuando algo te entretiene tanto y tan fácilmente, ya no se trata solo de ver vídeos, es que de repente quieres crear el tuyo, mostrar lo tuyo, hablar desde tu rincón del mundo.
¿Tú te crees que eso es casualidad?
Ah, y si estás pensando en lanzarte tú –emprendedor, pequeño comercio, artista del barrio o incluso esa peluquita local que corta mejor que nadie–, esto no va solo de viralidad: va de comunidad, visibilidad y conexión directa con tu gente. Lo que antes costaba miles en anuncios, ahora lo montas en una tarde con gracia y autenticidad. Y no necesitas más.
Mira este vídeo y dime que no te atrapa
Y como no quiero que todo quede en teoría, aquí tienes un ejemplo fresco, chulo y cortito. Dale al play aquí mismo, que no hace falta moverse del sitio:
@tiktok Make Your Day 😄
Así que deja de resistirte… aunque sea para curiosear
Porque al final esto no va de modas, ni de aplicaciones del momento. Va de lo que nos mueve. De eso que, sin decir una palabra, te hace reírte cuando pensabas que no tenías ganas de nada. Y eso, amigo mío, vale oro. O al menos un par de horas de buen rollo después del curro.
Si eres de por aquí y tienes algo que contar, que mostrar o simplemente quieres que te vean… ya estás tardando. Ponte al lío, mira, graba, comparte o simplemente disfruta. Que para eso está. Dale una oportunidad, y lo mismo te hace tu día, tu semana o ese lunes que ya venía torcido.
¿Eres de la zona y quieres empezar en esto? ¿Tienes una idea loca, un proyecto, una tienda o un arte que mostrar? Ponte en contacto, que entre cafés y vídeos, podemos hacer cosas muy muy chulas juntos.
