Ríete un rato, que la vida no espera

¿Te has dado cuenta de lo serio que se ha puesto el mundo últimamente? Todo el mundo corre, se queja, protesta… y mientras tanto, algunos, los listos, se descojonan vivos al otro lado de la pantalla. ¿Dónde? En esa jungla electrónica donde reina el disparate, la creatividad espontánea y los vídeos que, sin quererlo, se te quedan en la cabeza más que las canciones que escuchabas con 15 años: sí, hablamos de esa aplicación en la que entras para ver un par de vídeos y sales hora y media más tarde sin saber cómo te llamas. Pero oye, feliz como una perdiz.

Lo que de verdad engancha: no es el algoritmo, es el desparpajo

Muchos dicen que el secreto está en el bendito algoritmo, ese ente invisible que parece conocerte mejor que tu madre. Pero la verdad, la de la buena, es que lo que engancha es el desparpajo, la chispa, el morro que tiene la gente para hacerte reír con una frase, un gesto o un simple cambio de plano.

Hay algo muy especial en ver a alguien contarte cómo su gato le arruinó una cita, o ver al típico abuelo bailando con más estilo que tú cuando sales con tres copas encima. Eso, querido lector, no lo consigue ni Spielberg. Y es que lo que nos gusta es ver vidas que no son la nuestra, pero que se parecen demasiado. Eso genera una conexión directa, instantánea, como un buen café en una mañana de resaca.

¿Qué tiene esta aplicación que no tengan las demás?

Sencillo: no pretende ser perfecta. Aquí no hay postureo de revista de moda (bueno, algo hay, pero con humor, que eso ya cambia todo). Aquí la gente se lanza sin complejos, sin miedo al qué dirán, y eso enamora más que unas vacaciones pagadas. TikTok te da una sensación de libertad que otras redes han perdido por el camino.

Además, lo que empieza siendo una tontería puede acabar como una revolución. Muchos pequeños negocios se han hecho grandes, gracias a publicar un vídeo honesto, cachondo o ingenioso. Hasta productos que no pensabas que ibas a necesitar en tu vida terminan en tu carrito de la compra cuando alguien los muestra usándolos en 15 segundos de gloria digital.

Una fábrica de creatividad afilada que no perdona la pereza

Es una especie de campo de batalla donde solo sobreviven los que tienen algo que contar, y lo cuentan con gracia. El típico vídeo que ha tardado 10 minutos en editarse puede hacerse viral porque lo que importa es la idea, no el presupuesto. ¿Sabes lo que eso significa? Que tienes las mismas posibilidades que una gran marca de petarlo online. Solo te hace falta algo: echarle morro.

Y si no me crees, mírate este vídeo. Una joyita directa de la plataforma que, sin filtros ni florituras, te saca una carcajada sincera:

Ya te he advertido: entras por un vídeo, sales tres secciones de comentarios más tarde, preguntándote si deberías montar un canal tú también. Pues sí, por qué no.

¿Y qué tiene esto que ver contigo, que vives en una ciudad como esta?

Pues todo. Porque esta plataforma no es solo para ver vídeos graciosos, no. Es para que la panadería de tu barrio, ese bar que hace las mejores croquetas o tu peluquero preferido se den a conocer en condiciones. Ya no hace falta gastarse miles en publicidad. Hace falta atreverse a grabar, a enseñar el alma del negocio, a mostrar lo que nadie más puede copiar: la personalidad.

Así que si tienes un negocio aquí cerquita, una idea, un fregao de esos que puede convertirse en historia… aprovecha esta oportunidad. Las redes ya no son para los influencers. Son para los valientes.

Si quieres ver cómo está revolucionando el marketing de cercanía, echa un ojo a esta sección para empresas. Vas a flipar.

Ah, y si necesitas ayuda para dar ese paso, para crear contenido que valga la pena, que se viralice o que simplemente funcione con autenticidad, búscame. Estoy más cerca de lo que crees, y te aseguro que no necesitas tener 20 años ni bailar en cámara para petarlo.

Haz ruido. Hazlo real. Hazlo aquí.

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