La cocina con fuego: cómo hacer tu propio aceite de chiles casero sin complicaciones

Vamos a hablar claro: si te gusta la cocina con carácter, de esas que no perdonan el paladar, vas a querer meterle mano a esta receta de aceite de chiles casero. Es uno de esos ingredientes que cuando lo pruebas, ya no quieres vivir sin él. Te cambia el arroz blanco, te resucita los garbanzos de hace dos días y te alegra hasta un pan sobao a las ocho de la tarde.

¿Por qué hacer tu propio aceite de chiles casero?

Primero porque sí. Segundo, porque lo del supermercado está bien, pero ya sabes lo que pasa cuando lo haces tú. Controlas el picante, eliges los chiles, usas un buen aceite y, lo más importante, sabes lo que lleva. Nada de conservantes con nombres de robot ni cosas raras. El aceite de chiles casero tiene alma, como la gente que se lo toma en serio.

Y además, es facilón. Vas a ensuciar un cazo, un colador y poco más. Nada de horas en la cocina ni medidas de laboratorio. Y cuando lo tengas listo y enfrascado, lo vas a usar más que el salero, te lo digo yo.

La receta: sencilla pero matona

Lo básico es esto:

  • Un puñadito de chiles secos (bien podrían ser de árbol, cayena, o lo que tengas por casa)
  • 1 diente de ajo (si eres valiente, ponle dos)
  • 1/2 cucharadita de sal gorda
  • 200 ml de aceite de oliva (si es virgen extra, mejor)

Lo primero es calentar el aceite a fuego muy bajito. Nada de freír, que esto no es para sacar croquetas. Echamos el ajo en láminas y los chiles en trozos grandes, que no queremos polvo de escorpión. Deja que todo se caliente despacito, que se infusione, que coja alma. Cuando el ajo empiece a dorarse, apaga el fuego y deja que repose un rato. Luego lo cuelas y lo metes en un bote. Y ya está. Tu aceite de chiles casero está listo para hacer amigos o enemigos, según cómo lo uses.

¿Que necesitas que te lo cuente visual? Toma, aquí tienes un vídeo rápido para que veas cómo va esto en la vida real:

Ideas para usar tu aceite con arte (y hambre)

Este aceite no es solo para valientes, también es para creativos. Aquí van algunas ideas:

  • En un huevo frito, justo al sacarlo de la sartén. Ya me darás las gracias.
  • Encima de una pizza. Repetirás, seguro.
  • En sopas. Las convierte en otra cosa.
  • Con garbanzos salteados y pimentón. Deja de leer y pruébalo.
  • En pan con tomate. Sí, PAN CON TOMATE Y CHILE. Indecente.

Y no exagero cuando te digo que incluso el jueves por la noche, sin ganas de hacer nada, sacas un poco de pan duro, aceite de chiles casero y queso curado, y tienes una cena digna de aplauso lento.

Un consejo antes de irte: haz más cantidad

Cuando veas lo rápido que se gasta, me vas a escribir para echarme la bronca por no avisarte. Así que ya te lo digo: haz el doble. Mete uno en la nevera y otro en la despensa. Se conserva un par de semanas sin problemas si no se te va la mano con el ajo crudo.

Y si tienes una tienda cerca que venda chiles secos bien buenos, aprovéchala. No todo está en Amazon. A veces lo mejor está justo bajando al mercado de toda la vida.

Por cierto, si eres de los que disfruta cocinando con fuego (del de verdad o del metafórico), y vives cerca… ¿por qué no vienes un día y probamos a preparar juntos esto y unos cuantos condimentos más que también te van a poner los pelos de punta? Haz clic aquí si quieres venir a una clase en vivo y en directo. Te aseguro que sales con hambre de hacer más.

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