Cuando la tecnología se cruza de brazos y te dice que no

Seguro que alguna vez te has topado con esa pantalla blanca –o casi blanca– acompañada de una frase que te deja más frío que el viento de enero: «Bad request. Error 400». Y tú ahí, con cara de «¿pero qué he hecho yo ahora?». No pasa nada. No eres tú. Bueno, a veces sí eres tú. Vamos a contártelo todo muy clarito, con palabras de las que se entienden, sin tecnicismos que sólo usan los que se creen más listos que nadie.

¿Y qué demonios es eso del «Error 400»?

Este error se da cuando haces una petición mal hecha al servidor. Eso es todo. Ni más ni menos. ¿Ves? No era tan difícil entenderlo. Es como si vas al camarero y en vez de pedirle un café solo, le dices «dame un cafelito con aire comprimido en taza de barro del siglo XII». Te va a mirar raro. Igualito pasa con el navegador y el servidor. Si le pides algo que no entiende, te lanza ese numerito de cuatrocientos a la cara.

¿Las causas más comunes? Aquí van las joyitas:

  • Una URL mal escrita. Vamos, que le has dado a las teclas sin mirar.
  • Cookies corruptas o desactualizadas. A veces, hasta las galletas dan problemas.
  • Un formulario que se envía con datos fuera de lugar. ¿Has intentado meter letras donde sólo van números? Ahí lo tienes.
  • Problemas cachondos con los navegadores obsoletos o extensiones que dan más guerra que un niño con patinete en salón.

¿Se puede arreglar? Mira, claro que sí

Aquí viene lo que quieres saber. Porque sí, se puede arreglar. No eres el primero que se las ve con esto ni serás el último. Aquí tienes un pequeño arsenal casero:

  • Revisa la URL: puede sonar ridículo, pero la mayoría de veces haces trampas justa ahí.
  • Borra las cookies: dale una limpieza al navegador. Si no sabes cómo, puedes hacerlo fácilmente siguiendo estos pasos de Google.
  • Prueba en modo incógnito: a ver si el navegador se pone las pilas sin que nadie le mire raro.
  • Cambia de navegador: el de toda la vida no siempre es el mejor aliado. Dale un descanso y usa otro.

Y si tras todo esto sigue saliendo ese maldito número, no desesperes. Puede que el problema no sea tuyo, sino del sitio web en cuestión. Prueba desde otro dispositivo, o espera un rato. A veces el universo digital también se toma su café y tarda en arrancar.

¿Y si tienes una web y te pasa a ti?

Ah, amigo. Si el error no te lo lanza otra web a ti, sino que tus usuarios ven ese 400 al entrar en tu página, entonces hablamos de palabras mayores. O de problemas que tú provocas sin querer, que es peor.

Esto puede estar pasando por alguna de estas razones:

  • Tu servidor no está bien configurado. Ya toca llamar al técnico y dejarte de apaños.
  • Tu CMS (como WordPress, Joomla o vete tú a saber cuál) está mal optimizado.
  • Has metido un plugin que ha reventado más cosas de las que arregla.

En estos casos lo mejor es revisar los códigos de estado HTTP para que entiendas de qué va lo que estás viendo con ojos de «¿pero esto qué es?».

¿Por qué deberías preocuparte (y solucionarlo ya)?

Porque si tienes un negocio online, cada visita que se topa con un error es una venta perdida. Y si tienes una web que representa a tu marca, un error 400 constante es un cartel de «cerrado» en tu escaparate, pero con la luz encendida, que es peor.

Así de sencillo: si tu web falla, tu cliente se larga. Se va a otra parte, a otro que le ofrezca lo mismo sin tanto numerito. Y lo malo es que no vuelve.

No es broma. Probablemente llevas tiempo trabajando la visibilidad de tu sitio, con tu SEO, tus redes, tus píxeles de seguimiento… ¿para luego perderlo todo por un fallo que podrías haber solucionado en media hora?

Si tienes una web y el error 400 te está haciendo la vida imposible, escríbenos ya. Somos expertos en meterle mano a esos errores que nadie quiere tocar, con soluciones rápidas, sin rodeos y sin sustos en la factura. Tu web bien vale una visita gratis. Y si estás por la zona, te lo explicamos tomándonos un café. O dos.

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