La red social que te espía mientras crees que eres libre

Puedes pensar que controlas lo que subes, lo que consumes, lo que haces. Pero lo cierto es que estás lo suficientemente distraído como para no darte cuenta de que ya es demasiado tarde. Estás dentro, enganchado a esta máquina de dopamina instantánea donde las vidas ajenas parecen más interesantes que la tuya, los cuerpos más perfectos que el tuyo y el éxito más fácil que el del resto de mortales. Pero claro, sigues mirando.

El escaparate moderno donde todos aparentan y pocos venden

No vale con subir una foto bonita. Ni con maquillar la realidad en los Stories. Ya no. Aquí, si no generas contenido adictivo, humano y emocional, estás perdido. O peor: invisible. Porque en esta especie de supermercado eterno de vanidades, solo sobrevive el que consigue que alguien se pare al hacer scroll. Así. Tal cual. No hay más magia que la verdad dicha sin filtros, aunque uses todos los filtros del mundo.

Y sin embargo, ahí estamos todos: las marcas que quieren vender más, los pequeños negocios de barrio que no entienden por qué nadie entra, los coach de todo-tipo-de-cosas que parecemos cortados por el mismo patrón, y tú, que no terminas de saber si seguir usándola te ayuda… o te está dejando mentalmente frito.

¿Quieres resultados? Deja de repetir como loro lo que dicen los gurús

¿Has leído eso de que hay que publicar a una hora concreta, usar X hashtags, seguir la regla del 80/20 y no sé cuántos pasos más para ser relevante? Bueno, pues igual que el horóscopo, si lo sigues puede que aciertes… una vez al mes. La realidad es que funciona lo que conecta. Y eso, amigo mío, no lo dicta ningún algoritmo. Lo dicta tu capacidad de romper la pantalla con algo que de verdad remueva.

¿Eres un pequeño negocio local? ¿Tienes algo que decir que no sea una copia burda de lo que dice todo el mundo? Pues tienes mucho camino por delante. Pero claro, hay que currárselo. Aquí no basta con tener un buen producto. Hay que comunicarlo como si tuvieras delante a alguien que no te conoce de nada. Porque es así.

Todo el mundo quiere llegar, pocos comprenden el camino

¿Qué es lo que no entienden muchos de los usuarios de esta red social que usan a madrazos, como quien zapatea el suelo queriendo bailar flamenco sin haber pisado una clase en su vida?

  • Que anunciarte ahí sin tener un mensaje que atrape es como gritar en un estadio en hora punta.
  • Que si no sabes conectar con la gente, todo lo que publiques caerá en saco roto, por más filtros, canciones trending y stories interactivos que pongas.
  • Que copiar estructuras de otros sin entenderlas es un suicidio a medio plazo: acabarás sonando más falso que una moneda de tres euros.

Ojo, esta plataforma no es el enemigo. Lo peligroso es no saber usarla sin que te use.

Para colmo, ni siquiera se trata ya de números. Se trata de atención. Y esa, hay que ganársela. Con contenido que respire verdad, que dispare una emoción y que invite a hacer algo más que mirar desde el sofá con una cerveza en la mano.

No es publicar por publicar. Es vender sin que parezca que vendes

Las marcas que entienden esto son las que crecen. Las que hacen contenido desde un sitio honesto, que no siempre es perfecto, pero sí real. Y eso, querido lector, es lo que hace que funcione.

¿Eres una panadería, un gimnasio de barrio o un restaurante que hace comida casera de verdad y no sabes cómo contar lo que haces allí sin parecer otro clon de los que ya hay miles? Empieza contándome una historia. Haz que esa cámara que te parece fría se convierta en una ventana real a tu negocio. Porque lo más poderoso que tienes es justo lo que no estás diciendo: tu verdad.

Y si buscas algo más técnico, no pasa nada: aquí te dejo un recurso oficial de la propia plataforma por si quieres entretenerte con sus reglas. Pero ya sabes lo que pienso yo sobre las reglas…

Al final, esta red social es lo que tú decidas que sea: un espejo, un escaparate… o un trampolín. Está en ti.

No seas uno más. Sé el que cuenta algo que importa.

¿Tienes un negocio en la zona y no sabes cómo comunicarlo online?

Pues estás a una frase de diferencia de que las cosas empiecen a cambiar. Escríbeme, llámame o grítame desde tu azotea, pero no te quedes dándole vueltas sin rumbo. Podemos trabajar tu mensaje, tu historia y tu presencia digital para que deje de pasar desapercibida entre tanto ruido digital.

Estás a tiempo. Pero no eternamente.

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